Mis defectos hablan más alto que yo. Y es inevitable afirmar que a pesar del tiempo que gasto en enmarcar mis virtudes, soy, y seré imperfecta.
Porque aunque vaya siempre perfumada y enseñe mi sonrisa profident, yo también me enfado, me siento en el váter a mear y pelo las gambas con las manos.
Ahora bien, he esperado pacientemente 20 años para aceptar ¡por fin! que el tiempo invertido es aquel en el que somos uno mismo.Tengo imperfecciones, amor y risas.
¿Acaso hace falta algo más?
viernes, 25 de julio de 2008
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