Ya no le oculto nada de mí misma, y cuando me pregunto si debería ser un poco más reservada él hunde sus dedos en mi pelo.
Hemos dejado casi de reír y empezado a sonreírnos; de un lado al otro de la habitación, a través de los espejos, por encima del colchón, de la mesa. A veces no necesitamos hablarnos, ya tenemos nuestras propias claves para comunicarnos, como esas veces que me acurruco en sus brazos y él no necesita que le diga nada más.
Lo nuestro no es levantarse temprano, y ya no me importa no ver esos románticos amaneceres porque he descubierto que el brillo de sus ojos y su voz ronca al despertar, no tienen precio. No sé que día es, ni en que mes vivimos, ni siquiera sé si la primavera terminó. Lo que sí sé es que el futuro con él, queda a tan sólo 5 minutos del presente y que somos los verdaderos amantes de la ciudad de Madrid.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Sin palabras. De verdad, sin palabras...
Publicar un comentario